miércoles, 29 de julio de 2009

Conexión inconsciente Capítulo 1

Bueenno, pues por fin pongo el cap. uno ^^
Espero que os guste :)

Capitulo 1: Sueños rotos

“Cerré los ojos y vi a mi ángel oscuro vagando solo por las calles.
Me pregunté si era posible que un ángel fuese un Dios, o si simplemente era una estrella perdida en la oscuridad de la noche que me vigilaba resignada.”


Me desperté sobresaltada, había vuelto a tener esas extrañas pesadillas. Daba la sensación de que eran tan reales como la vida misma. Mis miedos, mis alegrías, todo se volvía real cuando soñaba una y otra vez con lo mismo. Ese chico me tenía loca, ya sin conocerle. Tenía unas impresionantes ganas de hablar con el, intuía que existía de verdad, y que él podría dar respuesta a mis preguntas.
Miré hacia todos los lados pensativa, y si no era más que un sueño. Un sueño roto por mis esperanzas vagas. No podía quedarme así. Sin familia, sin amigos, solo yo y mis temores. Mis padres me habían querido muchísimo, y yo los adoraba. Pero un día, cuando yo era pequeña, me dijeron que tenía que ir a vivir con mi abuela. Yo confusa pregunté el por qué. La respuesta más dura que dijo mi vida fue la que dijo ese desconocido. Cuando me dijo que mis padres se habían muerto, atropellados. A falta de uno los dos. Un coche descontrolado, poca prudencia, muchas cosas fueron las que hicieron que un mundo bello y feliz desistiera a mi alrededor. Viví con mi abuela hasta los 18. Nunca me cayó demasiado bien. Excéntrica, maniática, y poco dada a dejarme salir por ahí. Cuando cumplí mis deseados dieciocho, no tardé más de una semana en hacer uso de mi herencia. Ahora no era precisamente pobre. Me daba para comprarme un piso, y hasta un chalet si quería. Pero estaba más cómoda en algo pequeño y acogedor. Vivir sola era como un sueño. Una de las alegrías más grandes de mi vida.
Pero la felicidad, como todo lo bueno, no dura mucho, y empecé a tener pesadillas. Muchas pesadillas. Asustada, fui a un médico, y me dijo que estaba perfecta en salud. Ya no sabía que podía hacer. Mis sueños eran borrosos, solo sabía que a mi me mataban. Pero poco a poco fue apareciendo ese misterioso chico. Él empezó a defenderme de una manera extraña. No estaba segura si ese era la persona que al principio intentaba matarme, solo sabía que más tarde dejaba de hacerlo. Yo, no se si estoy en peligro. Pero si alguna vez hubiese indicios de que podía llegar a estarlo, juro que me prepararé media vida si es necesario. Todo sea por no morir en mi retorno a la libertad.
Mirando por la ventana, divisé como el sol se escondía tímidamente en el horizonte. El crepúsculo llegaba un día más. Era la hora, algo, no se qué, me apoyó en mi decisión. Ya no soy una niña, y tengo que demostrar que mis dieciocho años sirven para algo. No tengo miedo a las pesadillas, no tengo temor al chico que participa en ellas. Ya tuve bastante con mi abuela, como para ahora dejarme arredar por alguien que seguramente ni si quiera sabía si existía.
Cogí las llaves de casa y las de mi nuevo coche, y salí de allí con una renovada determinación. Bajé rápida las escaleras sin preocuparme por nada más que de mí. Ya que la pobre Sara no volverá a ser la misma de antes. Sobretodo cuando la oí, chillando por el ascensor. Debía de haberse parado, a mi me pasaba a menudo.
-Sara, soy yo Anaís –dije con tono tranquilizador –Tranquila, volverá abrirse, solo espera un segundo.
Cogí las llaves que había metido en el bolsillo y abrí la puerta de seguridad del control de mandos. Lo había echo más veces así que no suponía ningún problema. Le di a los botones necesarios, y moví los cables necesarios. El ascensor se abrió sin problemas.
-¿Ves? No había de que preocuparse. –ella se tiró en mis brazos asustada.
-No te haces idea de lo mal que lo he pasado. Sufro claustrofobia ¿sabes? Lo he pasado fatal. –dije rápida, sin que me diese tiempo a contestar ninguna de sus lamentaciones.
Se notaba que a Sara le habían dado siempre todo cuanto había deseado. Pensé para mi misma que es peor: si tener todo lo que se desea, o si no saber nada la vida. Aclaré muy rápido esa duda interna.
-Bueno, Sara, te dejo. Si eso llámame luego, y hablamos –dije cordial, aunque no me apetecía que me contase otra de sus largas charlas.
-Claro –dijo como decepcionada –si eso te cuento luego lo del aquel chico, y sabes.
La sonrisa había vuelto a su rostro. Llevaba días contándome que veía a ese tal Alberto especial. Como alardeando de no haberse fijado en más de un chico durante una semana entera.
En mi rostro apareció una falsa sonrisa. No pude evitarlo. No pensaba llamarla.
-Luego hablamos –la despedí con la cabeza y vi como ella se fue andando escaleras arriba.
Proseguí a seguir bajando las escaleras, cuando noto como una miraba hace que arda mi nuca. Me doy la vuelta rápido, pero no hay nadie. Solo ese miedo irracional de mis pesadillas. Las que últimamente se había empeñado en salir de mi inconsciencia.
Corrí escaleras abajo deseosa de salir de allí. Los latidos frenéticos de mi corazón iban disipándose lentamente. Salí a la calle embobada. Sin fijarme ni si quiera en la gente que cruzaba delante mía. Entre en el coche como una autómata, y con un leve giro en mi muñeca el coche se encendió.
Me encantaba sentir el aire en mi cara, haciendo que mi pelo se volviese rebelde y salvaje. La sensación de libertad era apasionante, y, eso mezclando mi recién estrenada libertad, hizo que me olvidase un poco del otro suceso. Mañana tendría que acercarme a la universidad, ya había pagado la matrícula, y me habían aceptado, pero no tengo ni idea de cuando hay que empezar, y eso no ayuda mucho.
Aparqué donde pude, las calles estaban abarrotadas. No se donde estoy, pero tampoco me preocupa. Tengo todo el día para salir, investigar, y descubrir. Aunque el sol ya había declinado por completo.
Miro varios escaparates viendo la hermosa ropa que había en ellos. Pero no pensaba comprar nada. Mi dinero sería gastado en cosas más importantes. Mi piso era importante, mi coche también, mi matrícula en la universidad también lo se. Pero de momento tengo ropa suficiente como para ir una semana sin el mismo conjunto, no me hacía falta más. Aparté la mirada de las tiendas, y me dirigí sin rumbo, dispuesta a dejarme llevar por el bamboleo de la gente al pasar.
No se como, pero en ese momento recordé a mi madre, lo mucho que quería hablar con ella. Quería que me viera, ya mayor, ya… sola. Miré hacia atrás, preocupada por si me había ido muy lejos del coche y no sabía regresar. La verdad es que si, me sería difícil regresar. Tan metida como estaba en mis pensamientos, me olvidé de que seguía caminando. Me giré para volver sobre mis pasos. Pero decididamente estaba perdida, y mucho, más bien diría que como he llegado hasta aquí.
El sol ya había declinado del todo, sumiendo mí alrededor en una intensa oscuridad. No temía a la oscuridad, temía lo que pudiese pasar en ella. Miré hacia todos los lados buscando una manera de salir de allí. No había gente por los alrededores. No había farolas, ninguna luz que impregnara la noche. La luna había escogido el peor momento para ser nueva, y yo cada vez me iba alterando más y más. Escucho un ruido, me doy la vuelta esperando interceptarlo, pero no hay nada. Me quedo quita durante varios segundos, esperando encontrar algo. Aunque los resultados vuelven a ser los mismo de antes. Vuelvo a escuchar un ruido ésta vez más cerca. Eso hace que se disparen todas mis alarmas. Mi instinto dice que corra, todo lo que pueda, pero por alguna extraña razón no puedo. Ahora si que el terror se va apoderando de mí, pero aún así estoy dispuesta a defenderme como haga falta.
-Hola, Anaís –dijo una voz sombría detrás de mí.
Me doy la vuelta, pero no puedo. Esa resistencia invisible que antes no permitía moverme vuelve a aparecer impidiéndome incluso girarme. Podía matarme en un segundo, y yo ni siquiera podría hacer nada.
-¿Quién eres? ¿Qué haces aquí? –dije con toda la seguridad que salió de mi boca.
-Eso ahora no importa. Lo que importa es que estás aquí, y que por fin te he encontrado. –la voz oscura y familiar habla en susurros inhumanos.
-¿Qué quieres de mi? –pregunté con fingida decisión.
-Lo quiero… todo, –dijo haciendo una pausa entre palabra y palabra -y no tardaré en conseguirlo.
Un escalofrío me recorrió la espalda. Él lo noto, ya que de su boca se formó en una sonrisa siniestra, aunque por extraño, también atractiva. De repente lo vi claro, era el chico de mis pesadillas, era extrañamente guapo y provocativo. Pero también tenebroso y misterioso. Era la persona a la que había estado esperando mucho tiempo.
-¿Por qué sales en mis su… pesadillas? –me corregí rápido, aunque el lo noto.
Me ruboricé, pero aún así no bajé ni un ápice la cabeza. He esperado mucho tiempo este momento como para dejarlo escapar.
-¿Salgo en tus sueños? –dijo burlándose de mi.
-¿Por qué? –murmuré sin poder decir nada más.
-A lo mejor es que tenías muchas ganas de verme –definitivamente se estaba riendo de mi.
Ahora estaba detrás mía, impidiendo que pudiese verle. Olvidándome de esa resistencia que me ataba me di la vuelta, y no se como, lo conseguí. Estábamos muy cerca el uno del otro. Podía sentir su aliento en mi cara. Me quedé paralizada me intenté mover, o bajar la cabeza para que no se notase que me había puesta roja. Sin saber lo como lo supo, le levantó la cabeza con un dedo en la barbilla. Se fue acercando poco a poco a mi oreja, y yo seguía ahí, quieta sin saber que hacer, y sin hacer nada para apartarlo.
-Volveremos a vernos, Anaís –dijo en susurros.
Parpadeé asombrada, pero él ya no estaba allí. ¿Cómo lo había hecho? No había nadie allí. Pero tampoco me paré a averiguarlo. Fui mitad andando mitad corriendo hacia algún sitio, uno cualquiera. Todo sea por salir pronto de allí. Al final veo un poco de gente, así que no dudo en seguirla.
Llegué sin incidentes a mi coche. Me subí rápido y tomé otra vez rumbo a mi pequeño piso. Abro la puerta de casa, y me encuentro otra vez oscuridad. Enciendo la luz, y me saco el abrigo y demás ropa para ponerme el pijama. El camisón cayó sobre cuerpo suave y ligero. Tan sumergida como siempre en mis pensamientos, me tiré en la cama sin cenar. De momento mi casa estaba algo vacía, pero poco a poco la iría rellenando para que fuese un reflejo de mi personalidad. Las paredes desoladas, aún sin pintar, no eran cálidas ni acogedoras, y los pocos muebles que había, estaban vacíos. Es decir, tenía lo necesario para vivir. Como dije antes poco a poco iré haciendo algo, pero lo más importante era mi independencia, y ya la he conseguido.
En la cama, encima del edredón, me pongo a pensar en lo sucedido. Aquel chico, aquel de mis pesadillas. Era extraño, pero después de tanto tiempo buscándola, al fin le he encontrado. O mejor dicho me ha encontrado él a mi.
No sabía que hacer, ya que cuando estaba cerca de él, me sentía paralizada, no se si lo hacía el, o era mi pánico el que lo conseguía. Pero ahora lo que más miedo me daba, es que ahora no tenía temor a dormirme y tener esas extrañas pesadillas, ahora quería poder tenerlas para poder ver a ese extraño otra vez.
Algunas emociones no muy conocidas me invadieron todas a la vez. Lo que hicieron que mi conciencia ya no pudiera más. Así, tirada en la cama, me dormí una vez más, sin escaparme de esas pesadillas que me atenazaban el corazón. Quizá por miedo, quizá por…

2 comentarios:

Liki dijo...

Vic, ya te comenté en el foro, sabes que me encantaaa!! (Cómo se echan de menos a los onions ;__; )

Kathe! dijo...

Me encanta!!! he leido todos los capitulos =D Espero puedas pasarte por mi blog y dejar tu opinion! ks-mydreamsandthoughts.blogspot.com